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A 4.3 AÑOS LUZ DE ALFA DE CENTAURO | Relato Jacobo Grinberg

A 4.3 AÑOS LUZ DE ALFA DE CENTAURO | Relato Jacobo Grinberg

A 4.3 años luz de Alfa de Centauro, en la intersección de las líneas Grif y Son-Tawori de desdoblamiento magnético nuclear, se realiza la vigesimosexta conferencia de los pueblos del universo WZ-38H.

Existe gran expectación por oír a Yun, delegado de la constelación Di-ipsi-son.

Yun ha desarrollado un sistema de detección que permite localizar sistemas antientrópicos de alta integración, y además averiguar su estructura interna.

Yun es egresado del famoso Instituto de Investigaciones Antientrópicas de Andrómeda y como tal, siempre ha pensado que 20 mil millones es el mínimo número de elementos necesarios para lograr un mecanismo con pandeterminismo. Durante dos eones, Yun ha estado recabando información que le permita comprobar esta idea y ahora, en la vigesimosexta conferencia, se ha anunciado que presentará los informes definitivos al respecto.

Sil, presidente de la conferencia, toma la «palabra»:

«Estimados delegados de los pueblos de nuestro universo, nos hemos reunido una vez más a fin de conocer el resultado de las investigaciones acerca de la evolución de los sistemas antientrópicos. Desde el descubrimiento del gran Gardielli, nos hemos reunido eonalmente durante 26 eones a fin de determinar cuáles son las características de esos sistemas.»

Hemos llegado a la conclusión de que los sistemas antientrópicos evolucionan a partir del momento en que una estructura se vuelve lo bastante compleja como para avanzar desde un determinismo absoluto a un autodeterminismo y de allí a un estado que hemos denominado pandeterminismo, donde el sistema no sólo es capaz de fijar sus leyes sino también de cambiar las relaciones entrópicas del universo circundante. El estado de pandeterminismo ocurre cuando un sistema es capaz de representarse el universo, siendo esta representación lo suficientemente exacta y segura como para ser más real que lo que la rodea.

» Las investigaciones realizadas hasta la fecha han indicado que existe un paso abrupto entre el auto y el pandeterminismo, y que un sistema pertenece a una u otra categoría.

» El día de hoy, Yun nos presentará datos que señalan la existencia de un estado intermedio que posee características muy especiales; pero, será mejor que nos lo explique el propio Yun…».

Las esferas energetizadas cambiaron de tonalidad, lo cual significaba que un estado de expectación había sido provocado por las palabras del presidente.

Yun ordenó sus pensamientos y empezó a transmitirlos. Cada uno de los delegados comenzó a seguir las experiencias de Yun como si fueran propias. Primero les hizo ver el mecanismo del detector de antientropías, luego todos los pasos de su desarrollo y los problemas de su construcción. Fue como si hubieran vivido lo mismo que vivió Yun; todos admiraban la técnica de presentación que utilizaba. Si bien era cierto que como sistemas pandeterminados todos podían transmitir experiencias, la perfección en el dominio de esta técnica era inigualable en Yun.

Según explicó Yun, el detector de antientropía se basaba en el principio de la holografía trasmolecular y estaba acoplado a un cañón mesónico de detección que barría una porción del espacio y localizaba cualquier punto que mostrará una organización molecular autoestable.

La mayoría de las detecciones revelaban sistemas menores a los 5 mil millones de elementos y éstos quedaban catalogados como antientrópicos de clase I, o sea, sin autodeterminismo. En el barrido número 256 000 se había localizado un sistema de 12 mil millones de elementos, caso único que permitiría probar la hipótesis de que 20 mil millones era el límite inferior del pandeterminismo. A partir de ese descubrimiento, Yun dedicó toda su atención a establecer las características de tan singular sistema.

Lo primero que observó fue que el sistema se mantenía activado por una compleja infraestructura energetizadora que lo oxigenaba y alimentaba.

Después se dio cuenta de que el sistema y su infraestructura permanecían activos durante un tiempo ridículo que correspondía a entre 80 y 100 orbitales del planeta que los sostenía. El sistema sólo se podía comunicar a través de alteraciones en la presión de la atmósfera que lo envolvía y sólo se podía trasladar de un punto a otro activando ciertas prolongaciones de su infraestructura. Tanto las alteraciones en la presión atmosférica como la activación de las prolongaciones se regían por una serie de reglas establecidas por una comunidad de sistemas.

Definitivamente no había señales de pandeterminismo y apenas algún signo de autodeterminismo, sin embargo, en ocasiones el sistema actuaba como si poseyera ambos. Esto intrigaba sobremanera a Yun, no podía entender a qué se debían las fluctuaciones que estaba detectando.

Decidió hacer un estudio profundo del sistema en diferentes etapas de su desarrollo. Para ello localizó primero un sistema de Va de orbital de vida y recorrió todas sus experiencias. Yun resumió los datos obtenidos, en la siguiente forma:

«Las primeras etapas de desarrollo de este sistema se caracterizan por un continuo crecimiento de circuitos que establecen conexiones entre los elementos que lo constituyen. Los circuitos y sus conexiones alcanzan un grado autoestable entre el primero y el tercer orbital de vida. Las particularidades de los circuitos permiten una representación interna del universo inmediato y aun un germen de pandeterminismo, sin embargo, éste no se desarrolla. Las razones de esta falta de desarrollo resultan del énfasis que estos sistemas otorgan el mantenimiento de un determinismo social».

En ese punto Yun percibió un dejo de duda entre los delegados, decidió transmitir una escena detectada recientemente, que ejemplificaba y daba valor a la conclusión anterior.

Apareció entonces una visión fantástica y nunca antes vista: un lugar encerrado por bloques rectangulares, y en el centro una especie de cajón rodeado de barrotes. Dentro del cajón había una forma alargada con cinco prolongaciones; cuatro de ellas terminaban en cinco tentáculos y la otra tenía forma esférica. En la esfera se hallaban incrustadas dos formas ovales lateralizadas y tres cavidades frontales, además una excrecencia central en cuya porción inferior se notaban dos pequeños orificios.

Lo más extraño de todo es que en la porción superior de la esfera sobresalía un número extraordinariamente grande de delgados tentáculos que cambiaban de lugar cuando aquella forma rosada, elástica y caliente cambiaba de posición.

La iluminación de aquel lugar era tenue, y la forma se movía continuamente. En determinado instante la cavidad frontal inferior empezó a contraerse y, como resultado de este movimiento, empezaron a notarse complejos cambios en la posición de las moléculas que la rodeaban…

Eva, la madre del niño, oyó que su hijo hablaba en sueños, decidió levantarse de la cama para ir a ver qué sucedía; José, su marido, empezó a disgustarse por los ruidos que hacía la mujer, pero ésta le hizo callar con un rápido y demandante movimiento de brazos. Eran las tres de la mañana y afuera lloviznaba; Eva se cubrió con un chal y se acercó a la cuna en donde estaba su hijo. Éste, completamente despierto, le contó a su madre:

—Mami, el oso era muy grande y volaba en el aire, estaba buscando a su hijito que se había perdido en el bosque y de repente apareció un águila que se lo quería comer…

Mientras el niño hablaba, Eva pensaba preocupada: «todas las noches sucede lo mismo, por más que le he explicado que esas cosas que ve son sólo sueños y por lo mismo no tienen realidad, él no entiende, tengo que hacer algo drástico, de otra manera jamás podremos dormir a gusto».

Eva encendió la luz y buscó un libro de estampas, lo abrió en la imagen de un oso y la mostró a su hijo:

—Mira, esto es un oso, pero no es un oso de verdad, es sólo un oso pintado, no existe, es sólo un dibujo. El oso que viste tampoco es real, es como este dibujo, sólo existe en tu cabecita cuando sueñas, no es como los osos del zoológico, ellos sí son reales, los otros sólo te los imaginas.

El niño miraba a su madre con los ojos muy abiertos y, con una expresión de asombro repetía:

—Los osos del cuaderno y los osos de la noche no son verdaderos; sólo los osos del zoológico son reales.

La madre continuó:

—Tu papá y yo necesitamos dormir bien porque trabajamos mucho durante el día y tú, con tus cosas, no nos dejas descansar. Si vuelves a despertarte en la noche imaginándote tonterías, lo único que vas a lograr es que nos enojemos y te dejemos de querer.

Diciendo esto, Eva salió del cuarto.

Juanito no podía entender, estaba seguro de que el oso que había visto era tan verdadero como el del zoológico pero… si su madre decía que no lo era, y si además lo iban a dejar de querer…

«Los osos del cuaderno y los osos de la noche no son de verdad, sólo los osos del zoológico son reales».

Yun desconectó la imagen, se sentía inquieto y empezó a transmitir:

«Cuando detectamos por primera vez esta experiencia creíamos que había alguna falla técnica, no eran posibles tanta ceguera y tal egoísmo. Un sistema de 12 mil millones de elementos debería ser más inteligente y por lo menos reconocer el camino de su evolución, impulsándolo y nunca inhibiéndolo… era absurdo e inconcebible, pero no era ninguna falla técnica, el detector se revisó una docena de veces y todo funcionaba a la perfección. La única conclusión posible es que el sistema estudiado poseía la capacidad de representación interna y por tanto estaba muy cerca del pandeterminismo; sin embargo, esta capacidad no era alentada sino, por el contrario, inhibida».

Y transmitió esta conclusión:

«Los efectos de esta inhibición son múltiples; los sistemas en desarrollo, sometidos a tratamientos similares comienzan a perder su capacidad de representarse el universo y además, pierden su autodeterminismo al dejar de confiar en la existencia de una realidad interna y tener que someterse al juicio de realidad dado por el otro sistema». Yun conectó nuevamente el transmisor de experiencias: apareció un espacio rodeado de bloques rectangulares, aunque mayor que el de la visión anterior.

Multitud de formas se hallaban cubriendo la base del espacio y parecían estar dobladas por su mitad y apoyadas sobre ciertas estructuras delgadas de forma oval.

Enfrente de ellas una forma mayor contraía su cavidad frontal inferior:

«Estimados colegas, la sociedad psiquiátrica internacional se honra con su presencia. El día de hoy serán presentados dos casos dignos de atención. El primero: un niño de seis años con síntomas claros de esquizofrenia…».

Juanito se retorcía en su cama, en la mañana había ido a su escuela y durante la clase de actividades estéticas había empezado el terrible dolor de cabeza y las náuseas…

Juanito miró a sus compañeros y después al maestro, a quien dijo casi llorando:

—No puedo imaginármelo, no es real.

El maestro, enfadado, repitió por enésima vez:

—Lo único que quiero que hagas es que te imagines un oso volando y que después lo pintes en el pizarrón.

—No puedo, no puedo, no puedo…

El maestro sentía que estaba a punto de explotar; como nunca había visto tal terquedad, decidió que ésta se corregiría con un castigo.

—Lo que sucede es que no quieres, eres un niño mal educado y estúpido; como castigo, quiero que escribas cien veces lo siguiente: «Los niños deben portarse bien, deben obedecer a sus mayores, pues ellos saben lo que está bien y lo que está mal…».

Yun desconectó la imagen. Era la máxima incongruencia y todos así lo sentían. No podían entender cómo un sistema de 12 mil millones de elementos podía caer en tales contradicciones.

Sil empezó a transmitir una pregunta: «¿Cuál es el segundo caso?».

Yun miró a los ojos de Sil, los dos habían recibido la noche anterior el tratamiento electroconvulsivo de costumbre: como siempre, sólo había quedado esa sensación de opresión, y las terribles ganas de llorar.

Trataron de hablar, pero no pudieron, era algo oscuro, impreciso, vacío…  se miraron…

A 4.3 años luz de Alfa de Centauro, dos psiquiatras charlaban en un café:

—¿Sabes?, me siento muy orgulloso, el nuevo método de terapia electroconvulsiva está dando muy buenos resultados.

—Sí, ya lo he notado, tus pacientes parecen estar más tranquilos.

—Si todo sigue bien, dentro de poco tiempo podrán volver a ser productivos…

Información extraída del Libro Retorno a la luz, La cualidad de la experiencia es conciencia, cuando ves una luz en la cualidad luminosa está la conciencia, la luz no existe ni afuera ni adentro, no existe como fenómeno físico en el espacio, lo que existen son una serie de ondas electromagnéticas o cambios fotónicos, tampoco existe la luz en la actividad cerebral, como luz en esa cualidad perceptual es conciencia.

Jacobo Grinberg

Jacobo Grinberg

NEUROFISIÓLOGO Y PSICÓLOGO

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